Luchadora trans, feminista, piquetera y anarquista.

Maite Amaya nació en 1981. Transitó muchas carreteras revolucionarias: la causa de los derechos LGBT, “los feminismos” –como gustaba decir- y el anticapitalismo; la denuncia de las violaciones de derechos humanos en las cárceles y la persecución a las trabajadoras sexuales; la luchas piqueteras, villeras y anarquistas.

Durante un programa en 2012, afirmaba: (…) “Yo demando reconocimiento de la categoría travesti como femineidad posible”. Una bruja libertaria. Una luchadora incansable. Una trava enojada gritando las violencias en plena calle, acuerpando a sus compañeres ante las vidas estrujadas. Una piquetera, referente de la Federación de Organizaciones de Base (FOB). Una guerrera de la primera línea, que no era, que iba siendo, burlándose del “cotillón cultural que adorna la carne”, pensando la militancia como ejercicio, movimiento, desde su propio territorio-cuerpo.

“Sin un cambio social de raíz, no acabamos con los patrones inscriptos en el paradigma que sacude y acomoda a la carne humana, la disciplina, la distribuye, la viola, la mata, la burla, la vende, la compra, la alquila, la explota. Reposar a la sombra del sistema sin atender lo que en nosotrxs vive y palpita, tampoco nos sirve” sostenía Maite.

Falleció en 2017. Su historia de vida es un inventario de las luchas populares contra el capitalismo y el patriarcado, y un ejemplo de coherencia entre pensamiento y acción.

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