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16/06/2021

Silvio Lang

MATERIALISMO MARICA

Publicada el 16 de agosto de 2021

No hablamos, ni nos movemos, ni nos relacionamos, ni producimos imágenes, ni conocemos las cosas del mundo, ni producimos valor, ni sentimos nuestros cuerpos, ni componemos afectos en los términos del pensamiento cisheterocentrado, que pretende tutelar nuestra sensibilidad marica.

Marica, es la ironía de transformar un insulto del machismo en nombre de batalla de nuestra práctica destotalizante y desbordante de la normalidad capitalista.

Marica, es más que un mote o un vocativo, es una técnica de producción de identidades de género. Hay maricas-travestis, maricas-trans, maricas-putos. La marica renuncia al varón. Es una tránsfuga del imperativo de la cis-masculinidad heterocentrada. Hace una operación trans-genérica. Marica es una alianza con la posibilidad de los n-sexos, de las infinitas formas de vida de una pendiente hacia un devenir trans-género. Marica, es la ironía de transformar un insulto del machismo en nombre de batalla de nuestra práctica destotalizante y desbordante de la normalidad capitalista.

Marica es para nosotrxs, también, el nombre de un materialismo artístico que considera la producción escénica como la creación sensual de formas sensibles excluidas, reprimidas y desligadas de la subjetividad dominante. Este materialismo implica una atención a las microscopías que componen los cuerpos o materialidades y el modo en que estas se mueven, propagan y contagian entre sí.

Es preciso hacernos de un método provisorio que intensifique la tectónica que nos compone cada vez, en cada alianza, en cada desenvolvimiento de lo que podemos devenir en contacto. Un método del trazado del deseo común insurgente. Un método revolucionario de la composición de los cuerpos.
Entonces, con qué técnicas nos hacemos un cuerpo para nuestras derivas, que no se ajustan a la normalización de la vida. ¿Qué hacemos que nos hace? Inventar técnicas, organizar prácticas, hacer performances colectivas no es sólo un oficio o un saber-hacer es, también, creación de valor afectivo que (re) hace nuestras vidas colonizadas por el cisheterociscentrismo.